Aprender una lengua, aprender una cultura

Para aprender bien un idioma… hay que equivocarse mucho!!!
26 septiembre, 2018

¿Qué aprendemos cuando aprendemos una lengua nueva? Uno bien podría decir que una gramática y un vocabulario, pero si nos adentramos en una lengua que no es la nuestra, estamos adentrándonos en un mar de significados y significantes que se relacionan con las experiencias y las necesidades de comunicación de  los hablantes de esa lengua.

 

Pero entonces ¿No decimos las mismas cosas? “Silla”, “mesa”, “comida”, “puerta”. En gran medida sí, porque gran parte de las experiencias humanas coinciden o son similares.

 

Para entender esto empezaremos con una pequeña definición de lengua y de cultura.

 

La lengua es una institución social heredada (de nuestros mayores) que ordena nuestro mundo mental (nos da palabras para nombrar cosas y experiencias), es a la vez cambiante, está constantemente en evolución y transformación (se incorporan palabras, se cambian las estructuras con el tiempo).

 

La cultura es un conjunto de patrones aprendidos característicos de una determinada sociedad (estatus, costumbres, expresiones, etc.)

 

Ambas están relacionadas. La lengua se aprende culturalmente, cuando en el seno familiar aprendemos la lengua, aprendemos una forma de pensar y percibir lo que ocurre a nuestro alrededor, le ponemos nombre a las cosas y las experiencias que tenemos, creamos esa categoría para pensar, y a la vez que incorporamos la lengua, nos sumergimos en nuestra cultura.

 

Esto último pareciera chocar con nuestra idea de que las necesidades y experiencias humanas son universales; pero no se está negando lo que hay de universal en el ser humano. Estamos señalando las diferencias que la cultura introduce en la experiencia de ser humano.

 

Hay una frontera difusa entre biología y cultura, algo que no estamos entrenados para ver por estar, justamente, inmersos en nuestra cultura. El lector puede pensar “todos necesitamos comer, todos necesitamos dormir” y de la misma manera con una cantidad de experiencias que necesariamente el cuerpo necesita reproducir, hablemos la lengua que hablemos y pertenezcamos a la cultura que a la que pertenezcamos, y eso es verdad. Todos comemos, pero no todo es reconocido como comida para las distintas culturas de este mundo.

La ciudad camboyana de Skuon es la capital mundial de la araña frita, se cría y se come una especie de tarántula, de forma habitual, algo impensable en otras regiones del mundo. Lo mismo podríamos decir de la cobaya que se consume en algunas regiones de Ecuador y Perú; tan comestibles como una vaca o un cerdo, y de la misma manera, cantidad de animales e insectos que se consumen o no, según lo indica nuestra cultura.

 

La necesidad de comer es universal y biológica, qué comemos, cuándo comemos, cómo, acompañados por quiénes, eso es cultural, y volviendo a nuestro tema, la lengua es reflejo de nuestra cultura. Tenemos bases para asegurar que la existencia del habla entre los humanos, la necesidad de comunicar a través de la lengua, es biológica; pero cómo comunicamos, cómo es la gramática, el vocabulario, eso es cultural.

 

El célebre autor ruso-norteamericano, Vladimir Nabokov, conocía esta particularidad y lo expresaba al hablar de la intraducibilidad de algunos términos. El caso de la palabra “Тоска” (Toska) del ruso:

 

No single word in English renders all the shades of “toska.” At its deepest and most painful, it is a sensation of great spiritual anguish, often without any specific cause. At less morbid levels it is a dull ache of the soul, a longing with nothing to long for, a sick pining, a vague restlessness, mental throes, yearning. In particular cases it may be the desire for somebody of something specific, nostalgia, love-sickness. At the lowest level it grades into ennui, boredom.

 

Ninguna palabra del inglés traduce todas las facetas de la palabra “toska”. En su sentido más profundo y doloroso, es una sensación de gran angustia espiritual, a menudo sin una causa específica. En el aspecto menos mórbido es un dolor sordo del alma, un anhelo sin nada que  haya que anhelar, una añoranza enferma, una vaga inquietud, agonía mental, ansias. En algunos casos podría ser el deseo por algo o por alguien en particular, la nostalgia, una pena de amor. En su nivel más bajo, se reduce al hastío, al aburrimiento

 

La intraducibilidad de la palabra, la falta de un referente unívoco de idioma a idioma se debe a la complejidad de la que venimos hablando, la lengua es parte de una cultura, y como tal refleja las coincidencias y las diferencias de los distintos grupos humanos.

 

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