Lengua y totalitarismo. Neolengua

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En el año 1949 George Orwell (1903-1950), autor británico nacido en la India y fallecido en Londres, publicó su novela 1984, una novela que, como pocas, coronó un género conocido como Distopía, término acuñado como opuesto a lo que Tomás Moro definió como Utopía.

 

La Utopía de Tomás Moro se vio plasmada en el libro Libellus . . . De optimo reipublicae statu, deque nova insula Vtopiae ( Libro del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía). Una  creación intelectual que permite  crear un universo ideal, en él se desarrolla una comunidad pacífica que sigue las preceptos políticos y filosóficos del mundo clásico. El término utopía quedó relacionado, desde ese entonces, a las situaciones ideales e inalcanzables.

 

La Distopía, por otra parte, tiene un comienzo más difuso. Algunos dicen que Nosotros de Yevgueni Ivánovich Zamiatin (1884-1937) es la que inicia el género y que esa obra sería secundada por Metrópoli, la película basada en la novela del mismo nombre de Thea Von Harbou (1888-1954). Dicho esto, hay tres novelas ineludibles para los amantes del género Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, que se conderan la trilogía fundacional del género distópico .

 

Volviendo a la novela de Orwell y al título de esta nota, pocos autores han dejado, a partir de un libro, tantos aportes al discurso político, a la cultura occidental y por lo tanto, a nuestra percepción del mundo como lo ha hecho George Orwell.

 

En la Distopía totalitaria de Orwell, los ciudadadanos eran vigilados contantemente por telepantallas. La figura que proyectaba constantemente cada pantalla era la de “El Gran Hermano”, el líder político, real o no, de Oceanía, un país que sumaba gran parte de Europa, América, parte de Africa, Islandia, Polinesia y la misma Oceanía, según se deduce de la lectura, pero con límites imprecisos.

 

La historia era reescrita constantemente, y así debía internalizarse sin posibilidad de duda por parte de la población. Oceanía y Asia Oriental siempre han estado en guerra con Eurasia, se sabía al principio de la novela; pero luego Oceanía y Eurasia eran aliadas contra Asia Oriental. Tales los cambios a la historia que hacían imposible cualquier certeza que no fuera la que el régimen y el Gran Hermano imponían en un momento determinado.

 

La joya de este sistema opresivo lo constituía la Neolengua, una lengua que se iba desarrollando a efectos de controlar y unificar la forma de hablar, y por lo tanto de pensar, de la población. La genialidad de esta invención literaria fue motivo de análisis posteriores, pero ¿Cuánto de real hay en esto? Podríamos decir, que mucho, sin necesidad de adentrarnos en la distopía orwelliana, podemos ver cómo el lenguaje condiciona nuestra manera de pensar.

 

La hipótesis de Sapir-Whorf establece que existe una cierta relación entre las categorías gramaticales del lenguaje que una persona habla y la forma en que la persona entiende y conceptualiza el mundo. Es decir, lo que vemos, lo que pensamos del mundo está mediado por la lengua. La lengua no es una herramienta que sirve para transmitir algo real. Es una forma de expresar que a la vez  condiciona nuestra percepción.

 

¿Cómo podemos corroborar esto? Un experimento de la Universidad de Cambridge sobre personas que no tenían el inglés como primera lengua demostró las distintas formas de percibir en grupos de personas para los cuales algunos sustantivos eran femeninos o masculinos en su lengua madre.

 

Por ejemplo, los puentes eran para los hispanos “grandes”, “peligrosos”, “largos”, “fuertes” y “robustos”, mientras que para los alemanes, en cuya lengua “puente” (brüke) es una palabra femenina, eran “bonitos”, “elegantes, “frágiles” y “pacíficos”.

Un mismo objeto y dos formas de percibirlo según se lo asocie a lo masculino o lo femenino.

De las percepciones que lo masculino y lo femenino despiertan en la gente se desprende claramente la discusión sobre el lenguaje que el feminismo protagoniza en estos días.

George Orwell fue un escritor que describió el autoritarismo desde su perspectiva, basado en su pasado y su presente. Anticipando también el futuro ¿Vivimos vigilados? Cámaras, computadoras, números que nos identifican en las transacciones diarias; ¿La historia se acomoda al poder de turno? Vemos a cada gobierno resignificar una parte de la historia para construir una verdad. Pero sobre todo y lo más difícil de responder ¿Podemos pensar más allá de las restricciones de nuestra lengua?

Tendríamos que hacer el ejercicio de problematizar nuestro idioma,  la comparación con otros idiomas sirve, para poner al descubierto todo lo que encubre cada una de las palabras que creemos neutras.

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