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La búsqueda de la lengua original ha desvelado a muchos lingüistas y aunque el sentido común nos indica que es imposible reconstruirla hay muchas personas que han decidido caminar paso a paso hacia ese horizonte, no tanto para alcanzarlo si no para ver cuan lejos pueden llegar en semejante viaje, y no fue en vano, porque es mucho más lo que sabemos ahora, gracias a ellos, que lo que hubiéramos sabido si estos investigadores no hubieran empezado a caminar.

En el mundo existen miles de lenguas, algunas bien documentadas y otras, por cuestiones históricas y geopolíticas, no tanto. Las constantes conquistas han transformado culturas, perdiéndose muchas veces lenguas originarias para ser reemplazadas por la de los conquistadores. A su vez, la distancia, las diferentes condiciones de vida, las innovaciones tecnológicas, los contactos entre distintas culturas, entre otros factores, han tendido siempre a diferenciar la práctica de distintos grupos de hablantes en distintas regiones, dando como resultado la separación de lenguas.

Hay mucho estudiado sobre las grandes familias de lenguas como la indoeuropea que dio lugar al Latín, a las lenguas protoeslavas, a las germánicas y a otras tantas,  que a su vez derivaron en todas las lenguas romances, germánicas, eslavas, o indoarias, pero se sabe muy poco de otras tantas lenguas que se encuentran aisladas entre esas grandes familias dando lugar a especulaciones de todo tipo.

Del Japonés, por ejemplo, poco se sabe. Sabemos que tiene que derivar de alguna lengua más antigua llegada del continente asiático 2500 años antes de cristo, cuando el archipiélago comenzó a poblarse, pero no tiene ascendencia obvia en ninguna de las lenguas que se hablan en China o el resto de Asia, aunque ha incorporado muchos vocablos chinos y un sistema de escritura basado en el chino, son idiomas muy distintos. La condición de archipiélago hizo que su evolución como lengua fuera autónoma durante siglos por lo que se hace muy difícil recorrer el camino a su fuente.

Las lenguas americanas despiertan un acalorado debate. El intento de adjudicarles un origen común a todas las familias hoy conocidas o un origen por cada período de migración (referido a la hipótesis de poblamiento de beringia) parece forzado y se han hecho muchas observaciones metodológicas que parecerían dar por tierra con esa pretensión.

En África hay una gran variedad lingüística y es donde se concentra la mayor cantidad de personas bilingües y políglotas, por la convivencia de las lenguas y dialectos pertenecientes a distintas etnias habitando las fronteras de cada uno de los estados. El norte del continente corresponde a las lenguas afroasiáticas. El árabe conquistó esa parte del continente a partir de la expansión islámica del siglo VII. Algo similar ocurrió con el Bantú al sur del Sahara. Existen otras familias como la austronesia en Madagascar y la Joisán. Pero hay mucho por estudiar sobre las lenguas africanas.

Podríamos extendernos pero tenemos un panorama de la complejidad del tema ¿es posible entonces llegar a una primera lengua común para toda la humanidad?

Es una pregunta con varias aristas. Por empezar, suponer que hubo un solo primer idioma significa hoy adscribir a la hipótesis que dice que la humanidad es hija de un solo grupo de hombres salidos de Àfrica.

Quienes sostienen esta hipótesis se basan en estudios que demuestran una mayor variabilidad genética en África que en otros continentes y haciendo un paralelo, destacan que en África hay más fonemas que en las lenguas de otras regiones. Así como se pierde la diversidad genética, se perdería la riqueza fonética.

Sin jamás poder reconstruir esa supuesta lengua originaria, pues es imposible por la falta de registro, y asumiendo que los supuestos de la investigación son correctos, este grupo de investigadores toma la posición de que esa primera lengua del homo sapiens existió.

Hoy en día muchos estudiosos del proceso de hominización creen que el ser humano, como hoy lo conocemos, es el resultado de la hibridación de más de una especie de homínido arcaico.  Estos habrían evolucionado de forma aislada, aún teniendo ancestros comunes, en distintas regiones de África, Europa y Asia, para luego ir fundiéndose en el ser humano moderno. Algo que va en contra de la hipótesis anterior.

 

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